lunes, 21 de noviembre de 2016

Los hombres aprenderán y comprenderán las sutiles leyes que gobiernan sus vidas: la ley básica de la vida, la Ley del Karma, de Causa y Efecto, que controla el destino de todo; la afín Ley del Renacimiento, que hace posible el viaje del Alma por la materia; la Ley de la Inofensividad, que gobierna las correctas relaciones, y la gran Ley del Sacrificio mediante la cual toda evolución tiene lugar.
A través de una comprensión de estas leyes, los hombres llegarán a parecerse a sus Mentores, sus Hermanos Mayores, y a demostrar la Divinidad compartida por todos. Ellos prestarán atención a las enseñanzas de los Sabios y, paso a paso, heredarán su Derecho de Nacimiento. Los hombres nacen para convertirse en Dioses y nada podrá cambiar ese destino; el momento, sólo, yace en manos de los hombres. (Maestro de Benjamin Creme, de 'Las Leyes y Normas de la Vida')




















Mis Hermanos, los Maestros de Sabiduría, os conducirán adelante hacia la luz de esa Sabiduría que es Suya, revelarán para vosotros el panorama del pasado del hombre, os enseñarán las antiguas Leyes y guiarán vuestros pasos hacia el futuro. Consideradlos como Hermanos Mayores y, confiando, dejadles mostraros el Camino Iluminado. (Maitreya, del Mensaje Nº 49)

Tenemos que aprender el arte de vivir. Es una forma de arte, y sólo puede aprenderse mientras avanzamos. No es algo que puedas enseñar, pero puedes enseñar los rudimentos, las leyes. Enseña las leyes y las normas que resultan de ellas –la Ley de Causa y Efecto, la Ley del Renacimiento, la Ley de la Inofensividad, y la Ley del Sacrificio– y habrás enseñado lo esencial de la vida. La vida avanza bajo estas leyes, y cuanto antes las hagamos parte instintiva de nuestra vida, antes tendremos una vida y un mundo razonablemente coordinados y armónicos. Es un mundo lleno actualmente de ansiedad y temor. La naturaleza de la vida debería ser todo lo contrario. Un día, con la ayuda de Maitreya y los Maestros, será así. (Benjamin Creme, El Arte de Vivir)




















Mis Principios ocupan las mentes de los hombres. Mi Amor penetra sus corazones. Mis sencillas palabras encuentran respuesta, y Mi Ley comienza a gobernar. Así podéis decir conmigo, amigos Míos, que el futuro del hombre es brillante, que el Amor de Dios está establecido en todas partes, y que la Ley prosperará. (Maitreya, del Mensaje Nº 97)















El alma busca expresarse a través de su vehículo, el hombre o mujer, pero ellos tienen que responder a las enseñanzas. Esa es la razón por la que viene el Instructor, a recordarnos una vez más sobre las Leyes: la Ley del Karma, la Ley del Renacimiento, la Ley de la Inofensividad. Tenemos que aplicar estas leyes correctamente, dinámicamente en nuestras vidas, no sólo como una idea que permanece en la cabeza pero que no hace nada. Si sólo es una memoria en el cerebro, no hace nada. Tenemos realmente que aplicarlo y convertirlo en una levadura para que nos cambie. (Benjamin Creme, El Instructor del Mundo para Toda la Humanidad)















Por Mi Presencia, la Ley del Compartir se manifestará. Por Mi Presencia, el hombre crecerá hasta Dios. Por Mi Presencia y la de Mis Hermanos, la Tierra Nueva del Amor será conocida. Aceptad, amigos Míos, esta simple Ley en vuestros corazones. Manifestad el Amor a través del Compartir, y cambiad el mundo. Cread a vuestro alrededor la atmósfera de paz y alegría, y conmigo haced nuevas todas las cosas. (Maitreya, del Mensaje Nº 82)



















Grupos de almas entran en encarnación a través de dos grandes Leyes: la Ley de Renacimiento y la Ley de Causa y Efecto. La ley dominante es la Ley de Causa y Efecto, y esto puede verse de varias formas. Científicamente, se puede decir que es la Ley de Acción y Reacción, y son, como sabéis, opuestas e iguales. En términos religiosos la ley es considerada, en el Viejo Testamento, como Dios apelando al "ojo por ojo y diente por diente", algo muy rígido, frío e implacable, un poco desagradable. Pero en el Evangelio cristiano, el Cristo –como Jesús– lo llamó muy simplemente el proceso por el cual lo que tú siembres, cosecharás. Lo que tú siembres, cosecharás; es tan sencillo que la gente lo olvida.
Cada pensamiento, cada acción que tomamos, bajo esta ley, pone en funcionamiento una causa; estamos creando causas todo el tiempo. Las reacciones a estas causas, los efectos que surgen de estas causas, componen nuestras vidas, para bien o para mal. (Benjamin Creme, Las Enseñanzas de la Sabiduría Eterna)


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